Apuntes Valentina Salgues

Pasan tantas cosas como la cantidad de divorcios o enamoramientos. Pasa la psicosis arrasando e invalidando. Pasa el hedonismo. Pasa Narciso en todas las redes sociales como también Venus en una página porno. Pasa el terror y el miedo. La indiferencia, la intolerancia. Pasa el amor. Pasa que los lunáticos viven en la tierra. Pasa que mi amigo Quiroga no quiere prestarme su almohadón de plumas. Pasa el egoísmo. Pasa que la gente está “Tomada” tal como la casa de Irene y el narrador; Julio. Julio Cortázar. Casa Tomada. Necesito cien años de soledad y García Márquez me los concede. Acepto. Como las mariposas aceptan vivir un día.

Ni idea acerca del “efecto mariposa”, no obstante, creo, supongo, alguien acaba de matar una mariposa, se tranco internet, el celular y WhatsApp. Éramos más libres cuando el teléfono estaba atado, al menos yo. Hasta las salas de espera eran diferentes. Tal vez me ponía a leer los Cuentos de la Selva de Horacio.

Pasa que, Quiroga me alentó bastante, sugiriendo;
“Te falta ir a la Selva”.
Me exalto de libertad. La libertad es inherente a la condición humana.
La libertad es la profesión más difícil de ejercer.

¿Salgues o Salgués?

Desde la calle Rincón 665 hasta la puerta de la Ciudadela, fue muy esquivo convencerme que mi apellido no tuviese tilde en la letra E. “¿Salgués o Salgues?”, iba pensando reiteradamente mientras caminaba.
Pues, en Rincón 665 se ubica el DNIC, y la señorita que me atendió me mostró la partida de Nacimiento donde ni mi abuelo tiene el apellido con tilde.
Me fui del DNIC caminando hacia Ciudadela, empecinada, molesta, dándole la espalda a la realidad completamente, porque yo soy Salgués, con tilde en la E. Este hecho me hizo temblar bastante el mundo y mis piernas.
Exactamente en la puerta de la Ciudadela vi un mimo muy blanco, mis ojos brillaron, me largué corriendo, y con mis manos, apretándole la cintura, le eché un susto por la espalda. Y así, había conllevado todos esos pálidos sentimientos en la más astuta picardía de todo el día. Me sentí muy Salgués Penza. Me sentí acentuada en la letra E firmemente.
Pero, me fue inevitable gritarle y advertirle al mimo, haciendo un eco hasta en las personas más apáticas que rodeaban el lugar. - “¡Che, mimo, nunca des la espalda a nada ni a nadie, pues te pueden llegar hacer temblar el mundo, y hacer dudar de tu arduo fingimiento de estar tranquilo y paralítico!” El mimo se recostó contra una pared y comenzó a llorar.
Allí fue cuando él se llenó la gorra.
Y yo de acentuada felicidad, en la letra E.
Mi bisabuelo no fue muy feliz, ya que fue castigado por su padre, obligado a marchar a América. El muy tonto durante una noche le dio un susto a una mujer que caminaba por un puente, con una intención chistosa, quien cayó de este y murió.
Castigo; Rio de la plata, América.
Mi bisabuelo Salgués expulsado hacia aquí, trajo consigo una tilde.
No sé que sucedió con la tilde. Ya no importa. Tenga o no tengo tilde, me encanta asustar mimos blancos tanto como le gustaba a mi bisabuelo asustar gente en los puentes.
La sangre no tiene dudas.

Salgués.

(retomando)

Un hombre me dijo hace mucho tiempo que escribir te hace exacto, libre y excepcional. Tomé sus palabras.
También que la superstición y los rituales son una mierda, una idiotez, y que no se relacionan con el sentido común, la obviedad, la lógica en sí misma, el racionalismo, que nace de la estupidez humana.
Hablando de estupideces humanas podría nombrar miles, como por ejemplo acariciar un cordero con todo el amor del mundo, dándole una mema y luego en tres segundos, ¡Pumba! matarlo y en tres patadas comerlo.
Bien. Eso es una estupidez humana. Eso es.

Yo Tengo un cordero, “Ovis”. Es el ser que más amo, un corderito. Es la ternura en otra especie Y el fenómeno más lógico de este mundo podrido es que si pierdo a Ovis, sé que perdería todo; más bien mi lucidez y mi cordura.

De hecho, hace cuatro años que “Ovis” desapareció. Imagínate entonces todo lo que perdí; mi rancho, mis amigos, la libido, mis botas de lluvia, mis amalgamas, mi lucidez, mi cordura, Todo. No obstante, siempre en tiempos afiebrados uno se aferra a lo que puede. En mi caso, fue un tradicional Ritual. Digamos que confíe en él. Estuve al punto de caer casi casi en la religión católica apostólica romana. O en la profunda esencia umbandista o en el canto popular y el candombe. Pero no, me aferré a la Magia, al revés ella tomó riendas en el asunto, ya que recuerdo que me dirigí hacia la cocina, sin control alguno, abrí aquel bargueño de carey y marfil donde estaban los vasos, tomé uno, uno de requesón, lo di vuelta y dejé todo echado a la magia.

Y Oré el ritual.

“He capturado la nada en un vaso,
Nada como la que hay en mis manos.
Cuando mi objeto retorne,
Liberaré a la nada que he capturado.”

El 16 de marzo de 1982 durante una tarde mientras reposaba en una silla con tristeza en los ojos y miseria en el alma y el vaso dado vuelta, vi a Ovis, viniendo desde lejos, irreconocible, pero sabía que era él, ahora "Ovejo"enorme! Corriendo hacia mi, lo abracé, tan fuerte pero tan fuerte! Mire sus ojitos, y sin soltarlo le canté un versito hasta que quedó dormido en mis pies. Y me quedé mirándolo, amándolo.

En este planeta no existen criaturas divinas, pero hay algo divino en esas criaturas: El afecto.

Tal vez, si, la superstición, los hechizos, los rituales típicos son una mierda, pero bajo la desesperación y el miedo más atroz, devastador, que puede tener un individuo, es vulnerable y capaz de hacer cualquier cosa para respirar un segundo de alivio.
Tal vez, a veces durante la locura, la magia puede llegar a ser la realidad más lógica y razonable de todas las verdades erróneas que se vive en ella.

Un tipo me dijo una vez que escribir te hace ser exacto, libre y excepcional. Tome sus palabras

Y aquí estoy.
Aquí.
Cufré y Coquimbo.